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martes, 27 de marzo de 2018

Lewis Wallace. Ben-Hur


Esta novela histórica se sitúa en Judea bajo la dominación romana, durante el surgimiento de la figura de Jesús. Se sugiere acompañar esta lectura (o la película) con un plato de FANESCA


Se adaptó a la pantalla grande en 3 ocasiones, siendo su adaptación de 1959 con Charlton Heston, la más aclamada y galardonada por la crítica. “Ben Hur: una historia de Cristo” está narrada en 8 libros con una prosa soberbia, un ritmo que atrapa de inicio al final y una ambientación y descripción de parajes fenomenal. El primer libro nos sitúa en el desierto, 3 príncipes de Oriente, Melchor el hindú, Gaspar el griego y Baltazar el egipcio se encuentran y guiados por una estrella, llegan a Belén para dar regalos y adorar al “Rey de los Judíos”.

Miklos Rozsa compuso esta pieza maestra para la película de 1959 "Ben Hur: A Tale of the Christ":


A Partir del segundo libro se conoce a los protagonistas de la novela. Ben-Hur, príncipe judío de la tribu de Judá y Messala, tribuno romano con ambiciones de gloria y fama. Ambos crecieron como hermanos en Jerusalén; sin embargo, el tiempo determinó la marcha de Messala hacia Roma, a su regreso, es otro: pretensioso, arrogante y codicioso. Las ideas entre los amigos son irreconciliables, “Abajo eros, arriba marte”. Aquí inicia una rivalidad coyuntural al conflicto político, queda de manifiesto que Roma es un pueblo conquistador que somete a los hebreos, quienes, amparados en las escrituras sagradas y en su fe, esperan la llegada de un guerrero Macabeo que los libre del yugo latino.


Los acontecimientos tienen su punto de inflexión cuando Ben-Hur es culpado de un crimen que no cometió. Su fortuna es arrebatada, su madre y su hermana caen prisioneras (y leprosas) y él es condenado a galeras. Comienza el drama épico, una historia de redención. Para abreviar: Judá Ben-Hur es adoptado por un romano influyente y vuelve a su tierra como el hijo de Arrio para buscar a su madre y su hermana perdidas, y vengarse de Messala su antiguo amigo, y a la vez del Imperio Romano. Ben-Hur arriba en Antioquía, conoce a Simónides y a su hija Ester, antiguos esclavos de su padre y administradores de sus bienes, al jeque Ilderín del desierto, señor de la arena con cuantiosa fortuna y los mejores caballos de la tierra; y a Baltazar con su hija Irás, la egipcia seductora. Los destinos de estos personajes se cruzarán de muchas formas, a la par que un rumor se ha esparcido por toda Judea: el Mesías prometido por las escrituras ha llegado.


El pueblo judío ciertamente esperaba un redentor guerrero que conduzca un ejército y acabe con el dominio romano; pero se encontró con un pastor de almas. Con estos anhelos, nuestros personajes elaboran planes de guerra y reflexionan sobre su fe. La trama de la novela nos conduce a una espectacular carrera de cuadrigas, que es uno de los puntos más altos de la narración, y nos lleva a la pasión y muerte de Jesús. La maestría del autor es combinar de manera paralela y magistral la vida de Ben-Hur con los acontecimientos relatados en los evangelios, uno de ellos, es la curación de las leprosas en el preciso momento del ingreso de Jesús sobre un asno el domingo de ramos, exacto a las fuentes bíblicas. Las páginas finales con la muerte en la cruz, y la aceptación de un Mesias como redentor de las almas de la humanidad, es un relato que todo creyente debería conocer.


Es un libro que disfruté desde la primera hasta la última página, contiene reflexiones sobre Dios, el alma, la bondad, las buenas y malas obras, la esclavitud, la venganza, el amor, la belleza, la ambición, la crueldad, y la fe. La película de 1959 omite muchos detalles del libro; pero conforma un relato cinematográfico tan sólido, que como se dice de “El Padrino o de “El Resplandor”, las adaptaciones cinematográficas están al mismo nivel o sobrepasan al libro. Me agrada muchísimo esta época histórica, espero leer pronto el Quo Vadis o las Memorias de Adriano. Este libro es un clásico poco conocido que merece su reconocimiento en la literatura histórica. Excelente.

Giovanni Papini. Memorias de Dios


Dios se manifiesta y habla a la humanidad en esta obra del escritor italiano Giovanni Papini. 

Es una narración atea que nos presenta un Dios profundamente melancólico, aburrido y desesperanzado. En poco más de 100 hojas, el omnipresente nos habla de los orígenes de la creación y la finalidad de la existencia; asociados al hastío de su perfección. Creados miserables para ser víctimas en un mundo de sufrimiento, las criaturas humadas deben propender a la destrucción del mundo para liberarse y liberar a Dios. ¿Quién creo a quién?

La banda Enigma con su excelente tema Sadeness, para acompañar la lectura:


El narrador de este texto, es el absoluto, el inherente, el perfecto. Uno por uno va derribando los mitos de las tradiciones monoteístas. Nadie jamás entendió a Dios, todos fueron necios que hablaron en su nombre, más no tuvieron su gracia ni su beneplácito. La creación fue su pecado, el rebajarse: lo ideal convertido en real: lo perfecto vuelto imperfecto. La creación no es una bendición, es un pecado, y el mundo no es un lugar de gozo; más bien, es un eterno pecado. Dios no ama a los hombres, a lo mucho les tiene piedad. La historia de Jesús es una mentira absoluta.

Este es un Dios taciturno, angustiado por no tener origen ni final. La omnipotencia ha producido su saciedad, su “sufrimiento”. Recomienda a los hombres olvidarse de todo tipo de placer y renunciar a la alegría, porque solo el dolor podrá curtirlo para su verdadero propósito. Los teólogos, creyentes y adoradores son repudiados. El ser supremo aborrece las religiones y a sus practicantes: se creen mejores que los demás, se precian de entenderlo y de ser caritativos. Su culto divino, no es más que una máscara sacrílega para complacer a vuestro orgullo. Sus ritos son ejercicios de vanidad “mi espíritu está lejos de vosotros y el vuestro está lejos de mí”. De entre los hombres y mujeres prefiere a los que lo buscan sin encontrarlo, “a los que no creen en mi pero quisieran creer; a los que no me hospedan en su corazón, pero que no saben vivir sin mí”