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martes, 27 de marzo de 2018

Giovanni Papini. Memorias de Dios


Dios se manifiesta y habla a la humanidad en esta obra del escritor italiano Giovanni Papini. 

Es una narración atea que nos presenta un Dios profundamente melancólico, aburrido y desesperanzado. En poco más de 100 hojas, el omnipresente nos habla de los orígenes de la creación y la finalidad de la existencia; asociados al hastío de su perfección. Creados miserables para ser víctimas en un mundo de sufrimiento, las criaturas humadas deben propender a la destrucción del mundo para liberarse y liberar a Dios. ¿Quién creo a quién?

La banda Enigma con su excelente tema Sadeness, para acompañar la lectura:


El narrador de este texto, es el absoluto, el inherente, el perfecto. Uno por uno va derribando los mitos de las tradiciones monoteístas. Nadie jamás entendió a Dios, todos fueron necios que hablaron en su nombre, más no tuvieron su gracia ni su beneplácito. La creación fue su pecado, el rebajarse: lo ideal convertido en real: lo perfecto vuelto imperfecto. La creación no es una bendición, es un pecado, y el mundo no es un lugar de gozo; más bien, es un eterno pecado. Dios no ama a los hombres, a lo mucho les tiene piedad. La historia de Jesús es una mentira absoluta.

Este es un Dios taciturno, angustiado por no tener origen ni final. La omnipotencia ha producido su saciedad, su “sufrimiento”. Recomienda a los hombres olvidarse de todo tipo de placer y renunciar a la alegría, porque solo el dolor podrá curtirlo para su verdadero propósito. Los teólogos, creyentes y adoradores son repudiados. El ser supremo aborrece las religiones y a sus practicantes: se creen mejores que los demás, se precian de entenderlo y de ser caritativos. Su culto divino, no es más que una máscara sacrílega para complacer a vuestro orgullo. Sus ritos son ejercicios de vanidad “mi espíritu está lejos de vosotros y el vuestro está lejos de mí”. De entre los hombres y mujeres prefiere a los que lo buscan sin encontrarlo, “a los que no creen en mi pero quisieran creer; a los que no me hospedan en su corazón, pero que no saben vivir sin mí”

miércoles, 28 de febrero de 2018

Huilo Ruales Hualca. Historias de la Ciudad Prohibida


Huilo Ruales Hualca nacido en 1947 en la ciudad de Ibarra, es uno de los  escritores ecuatorianos más importantes de la actualidad. Su obra transgresora, marginal y grotesca es una descripción sublime de personajes harapientos  y cotidianidades del lumpen. Esta antología reúne varios relatos de algunos de sus libros y tienen como eje central a la ciudad de kito, espejo de Quito, la carita de Dios. 



Acompaña esta reseña (lectura) con el primer álbum de la banda kiteña de Hip-Hop, Tzanza Matantza: "Saca la Cara".


El autor retrata una ciudad que se mueve y repta como sus personajes, un caos urbano y suburbano polarizado por la modernidad. La terminal terrestre (descrita con soltura en uno de sus cuentos) la divide en dos: el norte con oficinas, hoteles y barrios residenciales; y el centro-sur con andrajosos, hacinamiento e indigentes. En ese territorio Huilo nos presenta una obra genial tanto en su contenido como en su forma.


Esta antología de cuentos contiene 9 relatos. Mis favoritos: Los locos amores de una lechuga, el alma al diablo, es viernes para siempre marilín y leyendas olvidadas del reino de la Tuentifor; estos dos últimos cuentos son de los mejores que he leído en mi vida. (No he leído mucho, por supuesto).

Los impactantes cuentos de Huilo tienen como protagonista a los desposeídos. Esta circunstancia aparece en la literatura ecuatoriana y latinoamericana desde principios del siglo XX. En ese sentido; el indígena, el montonero o el obrero son tema fundamental de la literatura de Realismo Social de nuestro país. A partir de la década de los 70 con la modernización de las urbes de Latinoamérica, este rasgo se radicaliza y los oprimidos reconocidos por la sociedad, dan paso a nuevos personajes, aquellos cuya existencia ni siquiera es reconocida; y que rápidamente pueblan la periferia. En una entrevista el autor comentó seguir poco o casi nada a la literatura ecuatoriana, mencionando entre sus influencias importantes, a los poetas malditos. A pesar de ello, la obra de Ruales puede ubicarse en el contexto ecuatoriano como sucesora de la de Pablo Palacio.


Estos seres periféricos son tullidos, mendigos, putas, ciegos, delincuentes, seres deformes que reptan, entre otros. Son seres humanos que viven en condiciones cercanas a los animales, excluidos de Quito, forman su propio Kito, su otro Kito, la dualidad de la capital ecuatoriana. Las peripecias, tragedias y esperanzas de estos seres, se retratan en estos textos de forma noble y cruda, ahí estriba la grandeza del escritor. Violadores, borrachos, y hombres-rana provistos de una desalmada dignidad, una sombría ilusión y una espantosa soledad inherente a la especie.


Para conseguirlo Huilo crea una dimensión lirica aparte. Sus formas narrativas representan a ese personaje enajenado de sus cuentos, al discurso extraoficial o más bien al anti-oficial y rechaza el uso de mayúscula, olvida signos de puntuación, usa apodos y escribe “malas palabras”. Combina de manera degenerada y preciosa las tradiciones escrita y oral con un léxico popular y lírico. Sus narraciones además están llenas de simbolismos, se destaca la muerte del padre, el odio a la madre, la religión pisoteada (el alma al diablo, es la historia de Jesús, no el nazareno) la enajenación social y el anhelo de un mejor porvenir. Este último elemento se presenta como suicidio, Faraón, asesinato o edén azul (droga) para cambiar esa vida inmunda por ese mejor porvenir.

Este libro me sorprendió, me sobrecogió, me embriagó. Estoy seguro que regresaré repetidas veces a estos cuentos y como es lógico, buscaré más obras de este genial literato ecuatoriano Su lugar en el librero es justo en medio de Pablo Palacio y Victor Hugo Vizcarra.

Huilo Ruales Hualca, junto a otro escritor ekuatoriano: Fernando Escobar Paéz



lunes, 26 de febrero de 2018

Pablo Palacio. Obras Escogidas

La obra de Pablo Palacio, vista desde una perspectiva histórica, resulta la más innovadora, transgresora y vanguardista de las letras ecuatorianas; y una de gran envergadura en la literatura hispanoamericana de los años 20 y 30. La figura del escritor lojano está marcada por una infancia trágica, una juventud de fuego demencial y una madurez en donde perdió la cordura (dicen) hasta ser internado en el “Lorenzo Ponce”, conocido hospital psiquiátrico de Guayaquil y fallecer a la corta edad de 40 años en 1947. La vida y obra de Palacio están ligadas de forma íntima: pesadillas y seres deformes poblaban una imaginación que legó 3 obras importantes: “Un hombre muerto a puntapiés”, “Débora” y “Vida del ahorcado”; más unos cuantos relatos. Este volumen publicado por la editorial Ariel en su colección clásicos ecuatorianos contiene todas estas joyas.



Acompaña esta lectura con Sal y Mileto:





“Un hombre muerto a puntapiés” es una colección de 9 relatos que rompieron el esquema en la forma y en los temas en la literatura ecuatoriana de aquel (y este) tiempo. El primer relato da nombre al libro y se trata de la reconstrucción de un asesinato a través de reflexiones irónicas; la pista inicial del asunto indica que la víctima era viciosa (pederasta-homosexual). “El Antropófago” es un cuento que tiene como protagonista a un caníbal que se deleita al engullir las carnes de su propia familia, embriagado en gula y alcohol. Estos textos rechazan todo convencionalismo y todo comportamiento racional y buscan la profundidad psicológica de los individuos oscuros y trágicos de la existencia.


Escucha el cuento el antropófago de Pablo Palacio




En “Brujerías” predominan los conjuros y juegos de palabras mágicas junto al uso de caligramas. “Las mujeres que miran a las estrellas” y “Luz lateral” son relatos que aluden a la infidelidad y al sexo. “La doble y única mujer” es la crónica de una mujer anormal que no tiene cabida en la sociedad; una existencia marginal que posee cuatro brazos y cuatro piernas, dos cabezas que son “yo-primera” y “yo-segunda” (según la narradora), y dos columnas vertebrales que se unen por debajo de los omóplatos hasta el coxis. Las características comunes de estos cuentos heterogéneos son los personajes marginales y la fragmentación de la realidad sazonada hábilmente con ironía y humor negro.


"Débora" es una historia que supera al costumbrismo y al realismo social que imperaba en la época. Es una historia que se cuenta a través de situaciones fragmentarias, casi inconexas y casi ilógicas que nos cuentan la deshumanización del hombre moderno sin ideales, que se dejó llevar por el materialismo y la monotonía. El estilo es espontáneo e irónico; a la vez que curtido, esconde verdades y mitos universales en situaciones insulsas o aberrantes. Critica el arte de la novela y el novelista. Es, en suma, una historia poca convencional que necesita la audacia del lector para descifrar sus artificios.



Escucha el tema Débora de Sal y Mileto:





“Vida del ahorcado” es una novela subjetiva escrita también de forma errática, inconexa y desordenada. Nos cuenta la vida de Andrés Farinago, loco parricida y ahorcado que cuelga del bosque. Narrado en primera persona por el ahorcado, son textos en donde nada es lo que parece; retazos de un mundo caótico y descarnado. Palacio posee un sentido del humor muy ácido que desnuda la hipocresía de una sociedad que enferma y aliena; cuya medicina es la locura (o la cordura de Andrés al ahorcar a su pequeño para liberarlo de un mundo incomprensible, incongruente, injusto y violento). Al final de la novela, ésta vuelve a empezar; los lectores se convierten en personajes del relato, son parte de la masa del pueblo que juzga y condena al criminal a la horca.




La narrativa de Palacio es genial, cada una de estas páginas está repleta de situaciones perturbadoras, esperpentos imposibles y comicidad oscura sin límites, que dibujan muecas y sonrisas de encanto y espanto en los lectores. Sus obras representan innovaciones cruciales en la vanguardia literaria de Hispanoamérica que en su momento (lamentablemente) fueron descartadas y empolvadas por la crítica. Pablo Palacio es sin duda, uno de los más grandes y trascendentales escritores ecuatorianos de todos los tiempos: su estilo y temas se convirtieron en grandes paradigmas de las letras de este país.